Terminé dos novelas este fin de semana, un libro de crítica y avancé varias páginas en un libro de filosofía. Pero, siempre digo lo mismo al terminar. Me gustaría tener un silencioso amigo con quien hablar de lo que leí, de lo que estoy leyendo; o de lo que me pareció gracioso, interesante, ridículo o simpático. Siempre lo digo a solas y nunca dudo en decirle en voz alta. A veces parece que estoy hablando solo cuando estoy en algún lugar público. Desde hace algunos meses lo cuento a Adelaida en la oficina.
Creo que tengo que ponerle un nombre a Nadie. Y esto me recuerda a un chiste que escuché hoy por la tarde:
Knock, knock.
Who’s there?
Nobody.
Nobody who?
….
Nobody who??

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